LA ÚLTIMA PIEZA

DE CHRISTIAN LANGE

“Si comprendemos y sentimos que ya en esta vida estamos relacionados al infinito, los deseos y actitudes se modifican. Finalmente, sólo valemos por lo fundamental y si no ascendemos a el, la vida fue desperdiciada”.

                                                                            Carl Gustav Jung

 

La sombra como la definiera Jung, es aquella parte nuestra que ocultamos, que invade nuestra manera de ser y de sentir. En el texto del autor Lange, la sombra toma un doble sentido porque está presente en el lado oscuro de los personajes, pero también en la figura de un padre, todopoderoso, que aún en la ausencia tiene una fuerza negra y ambivalente sobre sus hijos.

La obra de teatro está inspirada en dos hermanos que se aman y son muy unidos entre sí, deben cargar con la presión de ser hijos del célebre escritor alemán Thomas Mann.

 

Todo transcurre en Cannes, otoño de 1949. Solo dos personas en escena Mario Alba (Klaus), escritor, entregado a la literatura, pero con un fantasma que lo ronda en los pensamientos. Julieta Correa (Erika), también escritora, lidia con el mismo peso. Y dentro de cuatro paredes en una habitación de un hotel son atormentados por el éxito de su padre, en un tiempo y espacio, ambos se desbordan a través del pasado y del presente, la nostalgia, los sueños y pesadillas, sus carreras y sus frustraciones y, sobre todo, la eterna contradicción, la pelea entre Disciplina y Desenfreno, que vuelve una y otra vez a atravesarlos. Las confesiones y lo callado, el deseo detrás de la puerta, el deseo bajo las sábanas, los fantasmas que los rondan y la voluntad de vivir, la voluntad de escribir la última pieza.

 

Ellos para existir deben construirse una vida nueva, llena de tensión y de incertidumbre pero también llena de amor entre los Mann, diferente obviamente, al margen de lo convenido para una familia y para una sociedad. El texto desliza sutilmente, con belleza, el laberinto de una realidad confusa para los otros, pero verdadera en ellos sobre su sexualidad y sobre el amor, todo tipo de amor; en un mundo de posguerra que tiene mucho que pensar y rehacer. La escritura como evasión, como denuncia, y la literatura como trampa es también el tema de la puesta, que está bajo la mirada sensible de la directora Flavia Vitale.

Los actores con su buen registro, logran crear el clima de esos dos seres desesperados, y permiten al espectador acercarse a la misma verdad, pero tras recorrer los desconocidos y enigmáticos caminos del psiquismo humano. Que atraviesael espacio escénico y produce la empatía. Si bien dos son los personajes en escena, la espesura de las palabras, y la fuerza de los silencios atravesando el cuerpo de los actores, produce la presencia insoslayable de ese padre, Thomas Mann, que los marcará para siempre.

La escenografía como el vestuario remarca y construye con solvencia la década del 40 el blanco para los muebles, los colores pastel para Erika -dueña de una voluntad de la que carecía Klaus, mientras que para él es el color marrón -un desterrado de su familia y de su patria. Un mundo en cierto sentido luminoso pero atravesado por temas como el suicidio, el exilio y la homosexualidad, pero siempre guardando la compostura y los buenos modales que les fueron impuesto desde una sociedad hipócrita.

"Todos nacemos originales y morimos copias"

                               Carl Jung

 

Intérpretes: Mario Alba (Klaus), Julieta Correa (Erika)

Dirección: Flavia Vitale

 

Teatro La Mueca - Av. Córdoba 5300 -

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Funciones: Domingos 8, 15, 22 y 29 de Julio a las 17.00hrs

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
CALIFICACIÓN: MUY BUENA
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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